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BOGOTÁ/COLOMBIA : Teatro La Candelaria, presenta Refracción ; mientras no se apague el sol, creación colectiva, dirigida por César Badillo...24 agosto 2018...

vendredi 24 août 2018, par W. JULIÁN ALDANA/diastematicos.com

TEATRO LA CANDELARIA

Presenta en estreno-temporada : Refracción ; mientras no se apague el sol, creación colectiva, dirigida por César Badillo desde hoy 24 de agosto, de jueves a sábado a las 8:00 p.m. y los domingos a las 6:00 pm.(Calle 12 No.2-59 Bogotá D.C.)
Refracción, refracción o re-fracción : mientras no se apague el sol

POR W. JULIÁN ALDANA

Hace mucho no iba a teatro tan temprano. Lo usual es en la noche a las 7:30 o a las 8:00 pm. porque pareciera que el teatro es una actividad nocturna. Llegué al teatro La Candelaria un triz tarde. Coco me llamó angustiado a las 10:26 am. porque ya el público estaba a punto de entrar. Emprendí carrera por esas calles angostas de La Candelaria (que fue mi barrio durante año y medio) y seguí por la cuarta hasta la 12 y luego subí sin parar (miento, paré tres casas antes del teatro) y entré al teatro y vi a un grupo enorme de estudiantes divido (curiosísimo, me pareció) en fila de niñas y fila de niños. Pude entrar sin problema y me saludé con Coco que estaba de afán y me dijo que arriba Liliana me estaba guardando puesto y llegué y estaba hablando con otra persona y del afán no queda sino el cansancio y la obra demoró en empezar porque un bus con estudiantes no llegaba y descansé por fin en la oscuridad típica de salas de teatro en las que pareciera ser de noche siempre.

Coco andareguiaba de aquí para allá mientras en la última fila los tres estábamos charlando (yo sólo por ratos). - ¿Cómo están normalmente los actores antes de comenzar allá adentro ? Le pregunté a Liliana. - ¡Cagados del susto ! – Me dijo y reímos, pero luego completó que quizá otros estaban muy concentrados en su personaje y que lo más seguro es que cada quien estuviera en lo suyo.

De modo que ese fue para mi el comienzo de Refracción ; mientras no se apague el sol, la más reciente obra del teatro La Candelaria, creación colectiva, como es habitual en este grupo. Quizá podríamos pensar que se trata de una fábula pues cumple los requisitos de tener personajes animales humanizados y de dejar una moraleja. Pero, ¿acaso no ocurre que muchas obras de arte quiérase que no, llevan al espectador al final a realizar reflexiones que podrían ser consideradas moraleja ? ¿Te importa LectEr acaso si esta obra de teatro es un sainete, una tragicomedia, una tragedia, una menipea, un auto, o una pieza ? A mí no, pero mejor sigue leyendo.

La obra comienza cuando doce actores salen a escena y nueve de ellos se hacen frente a objetos que hay en el piso y que en principio no reconocí. Pero luego de una breve intervención, levantan los objetos y son sombreros o máscaras o cubrecabezas : extraños casi todos.

Al comienzo me costó trabajo entrar en la ficción de la obra. El público estudiantil con sus comentarios y el muchacho que sacó el paquete de papas a mi lado me dificultaban prestar atención. Mientras tanto intentaba recordar las veces que había ido temprano a teatro : Cómo profe seguramente cuando trabajé en colegios, me dije. Hasta que llegó el recuerdo aciago de Yerma en mi adolescencia de colegio distrital : el personaje lorquiano preguntaba en soledad un “¿dónde estás, dónde estás ?” y mi compañero del lado, Mario, respondió insensato un “aquí toi”. Y la muchachada pubescente envalentonada estalló en risas y la actriz terminó la escena y no quiso salir nuevamente. ¡Oh vergüenza para los profesores !, pienso ahora. Una de las docentes con grima tuvo que subir al escenario y en el regaño conversador que en nuestra época hacía efecto, nos hizo caer en la cuenta de la grosería. De modo que bastó ese recuerdo para ver que los jóvenes que constituían el grueso de los asistentes nunca fueron tan groseros como Mario y como nosotros riendo sin reparo.

Creo que necesitaba ese recuerdo para entrar en la obra. Lo hice. De modo que por fin me dejé llegar a la ficción maravillosa de Refracción y sus personajes animalescos humanizados (o acaso los personajes humanos animalizados) que acaso son el mundo. Por eso allí verás en el escenario, LectEr, una vaca y algo como un oso, y algo más extraño todavía como una gran cabeza que es solo nariz de cerdo, y una calavera bobina… Allí está el mundo. Lo vivo y lo muerto y lo que agoniza. Allí está el mundo con sus hordas infames que lo afectan. Allí está el mundo siendo horda. Allí estamos nosotros, siendo mundo, con las manos impolutamente culpables porque no nos las ensuciamos ni para salvar aquello que nos da vida vida (por fortuna sí hay quien lo hace).

Claro, con lo que aquí te encuentras es quizá la real manifestación de lo grotesco. Como lo diría Wolfgang Kayser hace tantos años, esa unión absurda criticada por Vitruvio, esa imposibilidad infame de la amalgama entre lo vegetal y lo animal, lo animal y lo humano, lo vivo y lo muerto. A mí me encantó, LectEr, que a pesar de los trajes extraños con que los actores aparecen al principio, los vemos salir a escena sin máscara ; sin cabeza, podríamos decir. Pero luego de las primeras frases levantan del suelo este apéndice y la transformación del personaje, evidente ante todos, nos deja ver ese grotesco consumado. La obra comienza. Bienvenidos al mundo, a ese mundo ficcional, que a la larga es una forma real y cruel de ver eso que vamos destruyendo en los campos y en lo que está afuera que lucha por mantenerse natural.

Refracción presenta imágenes majestuosas en forma y contenido. Una de mis favoritas ocurre cudando aquella superficie plástica que reposa en el fondo es desplegada por algunos actores y el personaje que encarna al abogado se ve consumido por ella. Sufre dentro el hombre de ley que no es otra cosa que el leguleyo gubernamental que justifica con falacias la destrucción del hábitat (que dice que lo que contamina es el polvo y no el humo o que llama a las reservas naturales “simples potreros”). La imagen es bella independientemente de mi lectura. Y como esta, hay muchos momentos maravillosos a lo largo de la puesta en escena : el vaso de agua que desciende del cielo, los tres cuadros de personajes que cuentan sus “fatales” realidades, o las proyecciones en el piso con cifras aterradoras sobre la destrucción de los recursos naturales (Y el espejo del fondo que refleja…).

Y es que allí LectEr es donde está el meollo del asunto sobre el que he venido dando puntadas. Todos estos personajes grotescos nos llaman la atención, nos llaman al orden, sobre lo que estamos dejando pasar sin que hagamos algo verdaderamente serio. La obra nos deja ver que los seres humanos somos invitados de la peor calaña : tomamos las cosas como si fueran nuestras y hasta pareciera que sólo vinimos a destruir. Por ello el abogado durante la puesta en escena debe ser juzgado, por eso los personajes animalescos quieren tomar la justicia en sus manos, por eso si te fijas en la obra caes en la cuenta de que somos responsables por lo que no hacemos y por el desinterés con que asumes la destrucción.

El nombre de la obra me llama la atención por varias cosas. Por un lado, la refracción tiene que ver con la facultad que tienen algunos elementos de duplicar las imágenes de los objetos. De modo que desde este “simple” punto de vista la refracción, refracta en el sentido de duplicar una imagen. Pero refracción en sentido profundo es ese fenómeno de distorsión que se crean cuando la luz pasa de un medio a otro y en ese proceso la velocidad que experimenta una onda hace que veamos no doblemente un objeto, si no distorsionado (el típico caso del lápiz dentro del agua que parece quebrado). Y yo como cronista me doy el permiso de pensar la obra desde esas dos perspectivas : la imagen que se duplica en la escena, nuevamente a pesar de los grotescos personajes, es la de estos entes ejecutando en lo micro que puede ser la sala oscura del teatro, una puesta en escena que duplica la fiereza insensata con que devastamos afuera. O, desde la otra perspectiva, la distorsión causada por el cambio de la velocidad en la luz, y que aquí en la obra podría verse “exagerada” por la fealdad de los personajes, pareciera ser una desfiguración de la realidad en dos sentidos : la forma maltrecha de los personajes opuestos a los cuerpos reales de animales y seres humanos que viven afuera ; y la animalidad de la naturaleza llamando la atención de hombres y mujeres.

Pero en esta primera parte del título también veo otra cosa : la re-fracción. Es decir, el fraccionamiento, la quiebra, la desintegración de lo que ha podido ser Uno, y que se nos dificulta ver como un todo. Si bien somos fragmentos de esa Unidad perfecta que es la naturaleza, ni siquiera llegamos a vernos como una parte. Es por eso que hacemos con el mundo lo que nos viene en gana importándonos sólo por este que soy independientemente del otro al que ni siquiera puedo ver como mi prójimo. Y esto lo puedo ver en esta obra del Teatro La Candelaria : es el llamado a que dejemos de pensar en la fracción para que nos veamos como parte de aquello Uno que es la vida en la naturaleza. Y claro, para completar, ni tanto la imagen duplicada, ni la imagen distorsionada ni la imagen divida, son posibles sin la existencia de la luz. La Refracción, en los tres sentidos que observo, solo puede ser cierta mientras no se apague el sol.

El montaje al que asistí fue interesante por varias cosas. Fue el primer ensayo con público ; me llevó a recordarme púber asistiendo quizá a mi primera obra de teatro ; me permitió escuchar los comentarios de algunos asistentes : profesores, estudiantes y otros sujetos ; y me llevó a escribir está crónica, quizá la última antes de mi viaje a Corea. De modo que si bien comencé la obra con la molestia por la impertinencia juvenil, pronto comprendí el proceso necesario para estos muchachos de enfrentarse a una obra de teatro. También pude observar algunos de sus comentarios sobre lo que comprendieron de la obra y ver sus posturas críticas frente a la realidad que nos permea y que no es ajena para ellos pues también habitan este lugar. Pude observar a los profesores maravillados como infantes y agradeciendo – algunos casi con llanto – por haber podido ser parte del público de esta obra.

Refracción ; mientras no se apague el sol, se presenta en el Teatro La Candelaria a partir del 24 de agosto, de jueves a sábado a las 8:00 p.m. y los domingos a las 6:00 pm. Es una creación colectiva de Luis Hernando Forero, Adelaida Otálora, Fernando Mendoza, Nohra Gonzáles, César Amézquita, Carmiña Martínez, Camila Scudeler, Érika Guzmán, Edith Laverde, Diego Vargas, Rafael Giraldo y Leonardo Fernández. Es dirigida por César “Coco” Badillo. Recuerden que el teatro queda en la Calle 12 #2-59. Lleguen antes y consuman algo de la tienda, hay cosas sabrosas.

http://diastematicos.com/2018/08/refraccion/

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