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Crítica literaria: Perros Callejeros, de Elmore Leonard

Viernes 23 de marzo de 2012, por Francisco Vélez Nieto

Crítica literaria: Perros Callejeros, de Elmore Leonard

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL miércoles 21 de marzo de 2012)

Elmore Leonard
Perros Callejeros
Traducción de Catalina Martínez Muñoz
Alianza Editorial

Recuerdo como allá por el año 2006 leía la impresionante y tensa novela de Elmore Un tipo implacable. Un historia situada en los años treinta cuando aquellos míticos gánsteres ocupaban las páginas de sucesos de la prensa americana. Como descubrimiento fue todo un verdadero placer leer aquella novela negra de un gran autor del género que ya cuenta con más un centenar de títulos. Así quedé cautivo convirtiéndome en fiel lector y propagador de su maestría literaria dentro de la inmensidad de este género que desde Allan Poe para acá nos viene ofreciendo verdaderas joyas de este tipo de lectura.

Su estilo de narrar se sustenta, especialmente, en una sucesión de diálogos cortos poseídos de un ritmo propio del mejor Hemingway, inmerso en el mundo del hampa. Es el modo y justo soporte de la narrativa de Elmore, que con todas las consecuencias exhiben sus personajes en situaciones de asuntos y hechos en la que los diálogos a veces provocan escalofríos a medida que suben el tono y agarran a uno en el asiento, siguiendo allí pegado hasta el sofoco y la especulación de lo que podrá suceder. Así lo leo desde aquella primera aventura como lector de Elmore a la que siguieron, sabor tras sabor, Persecución mortal y El día de Hitler….

Y como puedo considerarme un buen lector de novela policiaca desde que tenía pantalón corto, fortuna que le debo a mi padre, pausado lector del género en aquellos años de triste posguerra, con esta reciente edición de Perros Callejeros gozo de una nueva aventura en esa línea literaria de ficción donde la ironía, la crítica y la violencia es toda una secuencia engranada por la que discurren las descarnadas caras de la otra vida real norteamericana. No hay pelos en la lengua en tan jugosa y picante salsa. Para lo que vuelve a reunir a tres personajes emblemáticos de algunas de sus novelas anteriores: Jac Foley, el famoso atracador que suma más de un centenar de bancos, Cundo Rey, el “marielito” cubano convertido en magnate del hampa gracias al tráfico de drogas y ese prima hermana siamesa, que es la especulación inmobiliaria, cerrando el trío la amante del cubanito bajito de talla, Dawn Navarro, mujer fatal de estas que levanta el ánimo y el nervio del más lisiado, que además es vidente y gana dólares con el oficio ya que las tontas bien acomodas flotan como sonámbulas por las geografía de las privilegiadas playas de California.

Jack y Cundo llegaron a conocerse en la cárcel donde congeniaron y se contaron sus vidas cada cual con su estilo el del cubanito arrollador y presuntuoso, el salteador calmoso y observador, puro estilo propio de su trabajo donde no utiliza la violencia sino el seducir a la cajera de turno con tierna labia melódica. Lo cierto es que hacen o fingen muy buenas migas hasta el punto que Jack, que va a quedar en libertad dos semanas antes que Cundo, gracias al malabarismo profesional de una abogada de anatomía desbordante, maestra en el trato y conciente que desde que lo confirmó la Biblia la carne es débil tanto para el amor como para los dineros, y el “marielito” ofrece a su amigo de prisión que lo espere en su mansión de Venice Beach, zona privilegiada de California, con la idea de trabajar junto en proyectos que pueden dejar dinero.

Y todo es salir de la cárcel Jack cuando entra en escena el veterano agente del FBI Lou Adams quien, avisado por un soplón, espera a la puerta del presidio para saludar al atracador por el que siente una especial atracción. Esta no es otra que poder volver a meterlo en el trullo, pues bien sabe que esa súbita libertad se debe a ciertos juegos de intereses. Pero es algo más que esto lo que mueve al madero, que ya cumple años de servicio y sueña poder retirarse con un póker de ases en la mano y como broche de oro lograr un final redondo para esa novela sobre este Jack del diablo lleva años escribiendo y, que por ese amor propio, quiere conseguir que su deseada presa le ayude a conseguir ese final triunfante que espera en su manuscrito. Lo que significaría para él éxito y gloria. Más las posibilidades son mínimas si se tiene en cuenta que el amado personaje no quiere volver a las andadas aunque estas, tenga el encanto por medio de la seducción y no de las escopetas de cañón recortado, sino ligar a la cajera de turno y le ponga en la mano mientras le sonríe unos miles de dólares. Y aquí queda la incógnita de tan deseado final de una novela que podría ser histórica para el sabueso escritor.

Este es un ligero esbozo por el que transcurre la aventura de ficción, el ambiente en que se desarrolla, adquiriendo méritos propios, certificado de real y muy actual, aunque los sobornos y los tratos para defraudar son similares a aquellos que se montaba la madre de Nerón, que por algo han pasado a la historia y se imitan con tanta agilidad y cinismo como en los tiempos de tan subyugante imperio, máxime si se tiene la suerte de algún familiar en el gobierno, ministro o presidente de un condado o autonomía En último extremo, algunos capos segundones del chantaje, incluso se conforman con un director general al que le guste la tiza de calidad. Esta es la trepidante trama llena de ingenio y esos constantes diálogos que sirven para ir mostrando al lector y lectora un mundo representado con ejemplos poco dignos impropios para una sociedad justa y equitativa, rebosante de similitudes exponente de la descomposición social y política que padecen las sociedades. El soberano poder de las mafias de la corrupción y sus advenedizos socios colaboradores en el mundo político y mediático.

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